Hemos hablado de que las funciones ejecutivas se anclan en los lóbulos frontales. Estas estructuras de nuestro cerebro evolucionaron cuando apareció el “Homo Habilis”.

Durante este período, el hombre alcanzó una postura vertical, empezó a usar las manos y por fin observó al mundo y el ambiente que lo rodeaba. Entonces, se formó una capa neuronal de nuevas interconexiones en la corteza cerebral, alrededor de las órbitas de los ojos. Desde entonces, esta capa no ha cesado de evolucionar.

La actividad de escudriña miento visual (en equivalencia biológica con la inteligencia) es una actividad visual minuciosa, precisa, previa a la mirada analítica, que es la encargada de descomponer un elemento en sus partes.

La visión, al igual que el resto de los sentidos, fue logrando un alto grado de especialización. Una parte de la capacidad anticipatoria, ocurre cuando el hombre acumula datos visuales sobre los fenómenos cíclicos y que por vía de la capacidad de síntesis, le ayudaron a predecir el inicio y final de un evento.

El trabajo individual y de grupo, también son cíclicos y junto con nuestra intuición, aumentan la capacidad predictiva; anticiparse e intuir, se vuelven una herramienta valiosa de trabajo.

¿Qué ocurre cuando fallamos en nuestra habilidad para ponderar ideas en el trabajo?

El paso intermedio entre la capacidad anticipatoria y la síntesis; es el poder ponderar ideas. Este ejercicio mental no es fácil para todos, porque mediatiza la clasificación de ideas, atribuyendo una importancia determinada a los sucesos, a la información en general.

Para ponderar ideas, hay que tener un grado alto de atención interna (concentración), esta actividad da equilibrio al pensamiento. De tal manera que, logramos concluir con cierto grado de precisión y certeza. La capacidad de priorizar ideas, se edificó durante el desarrollo psicológico en nuestra niñez.

Mientras jugábamos, por medio del cuerpo y la mente obtenemos conocimiento empírico, que luego, ligado al conocimiento teórico estimula y contribuye a sopesar la información mental. Jugando, la concentración se desarrolla de manera divertida.

Al sopesar ideas, clasificamos y así dejamos disponible la información para ser sintetizada en una conclusión. Se ha asignado un valor a los datos, para luego elegir la respuesta más adecuada. Todo este proceso tan complejo, ocurre en fracción de segundos.

Elegir, implica formular un juicio sobre la realidad que tenemos delante de nosotros, el trabajo en cuestión, elegir lo conveniente involucra un contexto, que estemos situados correctamente en nuestra realidad personal y común.

En la vida adulta, el ponderar ideas es una de las habilidades más difíciles de lograr, ¿cuántas veces nos quedamos extraviados, dudando?

El trabajo no se termina porque no estamos seguros de la conclusión, no viene a nuestra mente la respuesta precisa, el cierre de la tarea, cuando esto pasa es porque no hemos logrado clasificar y priorizar de manera articulada, datos que seguramente aún no han sido ponderados con su respectivo valor.

Como ya he mencionado, esta falla se relaciona a la falta de experiencias de juego que complementa la estimulación sensorial (sentidos). Repasar las veces que sean necesarias los datos a sopesar, es una alternativa para ejercitar la ponderación y así lograr concluir.

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