El duelo y la conquista de la permanencia

La persistencia del tiempo a través de la memoria favorece que el futuro se pre curse, este tema es una constante en la obra de Dalí.

Desde el ámbito de las neurociencias resulta interesante estudiar cómo el cerebro humano fue desarrollando estructuras y mecanismos de almacenaje para historificar el transcurrir del tiempo. ¿Quién iba a decir que desde épocas remotas, mediante la experiencia acumulada (aprendizaje), el hombre lograría sobrevivir a los desastres de la naturaleza y a las enfermedades?.

Hoy en día hemos avanzado considerablemente en tecnología y ciencia gracias a la memoria; mientras que la consciencia realiza una labor clasificatoria de la información –incluido el tiempo-, la memoria almacena.

Este sofisticado trabajo mental favorece que nos vinculemos entre generaciones y que tengamos la sensación de permanencia en el sentido de tiempo eslabonado, ilusión que nos mantiene motivados porque despierta impresiones de continuidad, familiaridad y la fantasía de infinitud.

Inevitablemente el tiempo atraviesa nuestras vidas y para no quedar atrapados frente a lo impredecible de la muerte, el hombre inventó el tiempo; desde entonces, nos anticipamos a conocer el final de un ciclo, pronosticamos… esto nos da una gran ventaja sobre el futuro.

Le hemos sacado tanto provecho a nuestro conocimiento del tiempo que la vida emocional ha creado mecanismos de atenuación del dolor durante los finales para no sufrir y reiniciar tareas con agilidad y entusiasmo.

Alguna vez te has preguntado ¿por qué para algunas personas no son claros los finales? porque al estar relacionados con despedidas, toma cierto esfuerzo enfrentarlos, lo que es más, requieren ser tramitados a través de un trabajo mental específico llamado duelo.

Si se fijan, hacemos duelos constantemente pero si desprendemos totalmente de las vivencias por eso existe la memoria, para guardarlas. Este almacenamiento requiere un trabajo mental extenuante del que no nos damos cuenta y que transforma las vivencias en recuerdos.

Aquellas personas que son ágiles para procesar duelos, acumulan experiencias rápidamente y siempre están aprendiendo algo nuevo, se actualizan fácilmente. Así, pasado ya el invierno como un abrigo que se cuelga, el duelo nos habilita para “archivar” recuerdos sin que esto signifique un adiós definitivo ya que bastaría rememorar para traerlos al presente ¿no es sorprendente la fisiología de la memoria…?.

No cabe duda que la capacidad de duelo tiene muchas otras funciones que solo olvidar. Gracias al duelo se amortiguan los finales, se alerta al sujeto para un nuevo aprendizaje, se planea el futuro, y en suma: se facilita que no nos lastime permanecer en la cotidianidad.

Aunque algunos caracteres traten de evitar el dolor relacionado con el final de una etapa, lo único que logran es huir y desaprovechar la experiencia. ¿Y qué hay de aquéllos a quienes el tiempo les corroe porque trabajan a través de auto exigencia? como esclavos del tiempo, quizá logren permanecer durante una larga temporada en su trabajo pero a costa de angustiarse, nada cómodos…

Otras personas se pueden quedar atrapadas dentro de sus duelos, consecuentemente no cierran círculos, proyectos, no consiguen triunfos; aquí cabe preguntarnos:

¿Qué duración tiene el duelo en cada individuo?

Es variable, dependerá de sus vivencias dolorosas en la niñez: si el dolor fue avasallante la eficiencia baja considerablemente.

Por lo visto ya podríamos citar algunas razones para permanecer a largo plazo dentro de una organización. Existen ciertos factores que nos ayudarían a pronosticar esta posibilidad:

– Previamente a la conquista de la permanencia tuvo que haberse construido un sentido de pertenencia. Cuando el personal experimenta la sensación de protección de la empresa, la pertenencia se va edificando sobre todo a través de la congruencia entre el cumplimiento de metas y las recompensas económicas merecidas. Ofrecer este confort al personal ya va preparando un piso de estabilidad. La permanencia es impensable sin una copertenencia basada en la estabilidad y la confianza.

– Otro factor importante a verificar, sería el nivel de agresión en el grupo, ya que si es bajo, facilita que las interacciones sean amables.

– Por último, mencionaré un punto muy importante sobre el nivel de destreza. Una vez alcanzado el dominio de la tarea se experimentan sensaciones de triunfo, debido a estas vivencias de omnipotencia las personas tienen la sensación de “poderío”, provocándose un apetito constante -casi “adictivo”- por conservarlas y repetirlas.
Así que cuando hablamos de permanencia, nos referimos a un eslabonamiento de etapas que ocurre al trascender los finales, despertándose una ilusión de continuidad y apetito por el triunfo.

Cuando una persona tramita duelos como si fuera un hábito se aligera el esfuerzo para sobrellevar el día a día, esto nos acerca a nuestra espiral de triunfos. El hecho de confirmar nuestra identidad a través de la productividad nos permite auto afirmarnos y anhelar la permanencia.

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