Elementos que detectan el liderazgo y confianza

El hecho de que dos personas se separen físicamente, no implica que se han separado mentalmente.

Nacemos en la incertidumbre. Es menester de quien nos ha criado, transformar este estado y trasladarnos al de la confianza. Se nace en la fragilidad, en una indefensión originaria. La vida mental, comienza a través de un proceso de contrastes: unión-separación. Si el desarrollo de un recién nacido va bien, este estado de indefensión, con el tiempo se apoyará en un piso firme de confianza, mediante la unión armónica madre-hijo.

Y si ya ha sido bastante el reto de unirse, aprender a separarse tendrá una importancia primordial en el desarrollo del carácter. El proceso de unión-separación, paulatinamente se convierte en un ciclo, telón de fondo de transformaciones de relaciones interpersonales. Si las experiencias cotidianas de separación fueron benévolas, si se llevaron a cabo en forma regulada, sin crueldad, se cosechará confianza. ¿Cómo reconocer un ciclo de unión-separación en un candidato?

En cada entrevista inicial, hay muchos elementos de confianza y desconfianza, pensemos en una equivalencia con el ciclo emocional unión-separación: la oportunidad de ser entrevistado, es como la oportunidad de “nacer”; por ejemplo, si el candidato llega antes de la hora establecida o a tiempo, representa un estado de afirmación en la confianza. Si llega tarde, hay resistencia ante la oportunidad. El saludo de un candidato es un primer contacto, signo de unión. Mientras que, la despedida representa el final de un ciclo. Durante la entrevista, es esperable que haya un movimiento emocional, y se pase de la incertidumbre hacia la confianza. Las personas que no ofrecen la mirada desde el inicio, se rehúsan inconscientemente a dar vida a la entrevista, hay inseguridad en la unión. De la misma forma, si no se toman cierto tiempo para preparar la despedida, significa que no transitaron hacia una base suficiente de confianza. Saber intuitivamente, el timming de la despedida y coincidir con el del entrevistador, es un dato a favor de la confianza generada entre dos personas, es señal de que se ha estado vinculado durante toda la entrevista.

El final de una entrevista, debe tener cierto tacto y estar regulado por un tiempo común entre el entrevistador y el candidato. Las personas apresuradas, cortantes, drásticas, o demasiado formales, no suelen tener ritmo emocional para despedirse. Asimismo, aquellas personas que acortan la distancia emocional con el entrevistador (sin que éste haya dado ese privilegio), podría ser señal de un candidato ansioso, desconfiado y hasta ventajoso. Las personas “pegajosas” en la despedida, suelen ser codependientes y sometidas.

A lo largo del desarrollo emocional, en la niñez, durante el proceso de unión y separación, se van diseñando las llaves de la autonomía. Quien tiene estas llaves, transita de manera natural desde la desconfianza, hasta la confianza. La autonomía, es saber moverse en este tránsito con soltura, pasando de un estado a otro. El movimiento, libera a las personas de la impotencia del sometimiento. Cuando una persona transita entre estos dos estados, transforma la incertidumbre en confianza, implica movimiento en el carácter, inicio y final de un ciclo, cambio de estado emocional. Esta flexibilidad, es especialmente valiosa en el liderazgo. Todos, en un momento dado, caemos en estados de incertidumbre y desconfianza. El problema es no tener la plasticidad para regresar a la confianza.

Este ciclo del ser humano, está lleno de imprevistos y fallas durante la infancia (por violencia, abandono de los padres, muerte), comprenderemos por qué tantas personas sufren el problema de la desconfianza.

El adulto que induce una dependencia cruel al niño, ya sea por sobreprotección, o por carencias, provoca una codependencia que se puede prolongar indefinidamente. Este estado incómodo de codependencia, es como si se cargara un “siamés invisible” que pesa y cansa a la persona. Este estado de copertenencia forzada, se instalará desde la adolescencia y se acentuará en la vida adulta. El resultado será un sentimiento de enojo y hasta acoso inconsciente.

Hay personas que, no pudieron tener una experiencia de separación y autonomía, de manera total y a tiempo. Esto es molesto y es evidenciable en la relación con la autoridad en momentos cuando se sobrerreacciona al control durante el seguimiento de una tarea, o ante las correcciones. Si se parte de la desconfianza, la persona se torna frágil, regresa al estado de incertidumbre, la reacción para defenderse de este estado suele variar: desde el enojo, hasta el llanto, se ofenden o rivalizan.

La psicología de la desconfianza, se manifiesta en el temor-hartazgo de recrear un escenario de sometimiento, como el que describo con la metáfora del siamés. Las personas que parten de la desconfianza, se dedican a evadir o a probar si los demás son iguales al siamés que cargan, se vuelven insondables, la lectura de los acontecimientos diarios de la vida va en sentido negativo. La desconfianza, una experiencia cruel y deshumanizante, contra la que el juicio lógico verifica erróneamente la realidad.

Gracias por tu lectura, este tema continúa, te espero en el próximo blog.

 

*Por Imelda García Teruel Okie. Psicoanalista y neuropsicóloga

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